Emulando
a sus predecesores darwinistas
en sus métodos y ambiciones,
Epstein encontró en la academia
un terreno fértil en el que
comprar voluntades
e impulsar sus delirios
transhumanos y eugenésicos.
Una de las mayores complicaciones con las que me he encontrado a la hora de escribir esta serie de artículos es precisamente elegir la estructura de los mismos.
Las cuestiones que preocupaban y ocupaban tanto a Epstein como a sus acólitos están absolutamente conectadas y forman, como ya he dicho en reiteradas ocasiones, una unidad de propósito, de modo que la biología, la tecnología, la sociología, la psicología social o incluso la medicina componían un terreno de juego único en el que Epstein dejaba fluir sus ambiciones de control como uno más del ecosistema de la élite.
En coherencia con la agenda arcana ya descrita en el anterior artículo, Epstein desplegó toda su capacidad de influencia seduciendo a científicos en todas las áreas enumeradas, comprando sus voluntades, financiando sus actividades y, sobre todo, condicionando el sentido de las mismas.

























