El cambio ha sido diametral. Desde un primer momento, en la agenda internacional del entonces nuevo mandatario, se notaba especial atención en la región.
Y apenas fue juramentado, comenzó a mover fichas, avanzar en posiciones, intervenir en política de los países y a trazar un nuevo mapa de sus amigos y enemigos.
No es que el resto del mundo esté exento de lo que hace o decide Trump, sino que su principal foco y donde más se ha modificado el relieve político es en Latinoamérica.
En el mismo mes de enero, colocó con ahínco en la agenda su primer despliegue hacia el punto más estratégico del continente:
Demostrando su temperamento, "por las buenas o por las malas", presionó al gobierno panameño para que se saliera de la Ruta de la Seda con China, lo cual hizo el gobierno panameño apenas 12 días después del posicionamiento.
En expedito presionó a las empresas chinas, propietarias de puertos, que los pusieran en venta a empresas estadounidenses, incluyendo el fondo BlackRock, un proceso que inició de inmediato pero que no ha culminado casi un año después.
























