Este desierto de América del Sur
dejó de ser un borde del mapa
para convertirse en un nodo central
del sistema alimentario mundial...
Durante décadas, el desierto fue sinónimo de límite.
Tierra árida, lluvias escasas, horizonte inmóvil...
En América del Sur, una extensa franja desértica parecía condenada a la improductividad, lejos de los grandes centros agrícolas del mundo.
Sin embargo, contra toda lógica climática, ese paisaje de América del Sur terminó transformándose en uno de los motores silenciosos del comercio global de alimentos.
Hoy, desde un suelo donde casi no llueve, salen frutas y hortalizas que llegan a las mesas de Estados Unidos, China y Europa, de esta nueva potencia agroexportadora.



