Las verdaderas e inconfesadas... INTENCIONES DE TRUMP

 por Eduardo Irastorza

27 Julio 2026

del Sitio Web ElEconomista


Donald Trump,

presidente estadounidense


El plan del presidente:

convertir el estratégico estrecho de Ormuz

en un lucrativo negocio de peajes.


Más que una victoria militar,

el magnate busca en Irán

un negocio redondo con el petróleo y los peajes.


El control del petróleo y del estrecho de Ormuz

es un golpe directo a China,

su verdadera bestia negra...



La guerra se perpetúa en Irán y su entorno.

 

Lo que empezó planteado como un severo correctivo:

el primer bombardeo de dudosos resultados, y que continuó con una operación que quería ser breve y contundente, como la que Estados Unidos había llevado a cabo en Venezuela a principios de año, se ha convertido en un conflicto enquistado y costoso de muy difícil pronóstico.

El paso del tiempo se ha ocupado de poner al descubierto los motivos ocultos que llevaron a Donald Trump a intervenir militarmente en Irán.

Desde el principio del conflicto no sólo el presidente, sino todo su gobierno, incluyendo las declaraciones del vicepresidente J.D. Vance o el Secretario de Estado Marco Rubio, han insistido en que los objetivos fijados que perseguían sus ataques militares a Irán eran,

descabezar el régimen teocrático de los ayatolás, paralizar el programa atómico iraní y devolver este país a la órbita occidental...

Ninguno de ellos se ha alcanzado por ahora...

 

No obstante, existen otras tres poderosas razones para que la presencia norteamericana se mantenga en este escenario:

  • en primer lugar, controlar la producción de petróleo iraní

  • segundo, controlar a Irán convirtiéndolo en un estado fallido

  • por último, controlar el estrecho de Ormuz y cobrar peaje a todo barco que pase.

Precisamente esta es la más importante, la más rentable y la más proyectable en el tiempo.

Es una carta que Trump se ha guardado en la mano hasta el final.

Curiosamente, no es una razón sin precedentes.

 

Los hay desde el siglo XVI, concretamente desde 1507, en el que naves portuguesas se presentaron en el estrecho, levantaron una fortaleza y disuadieron al entonces Sha de Persia de que aceptase su "protección" a cambio de cobrar peajes al comercio marítimo.

 

Muy pronto esta fuente de ingresos se convirtió en una de las más importantes para Portugal y más tarde para España que, desde Felipe II reinaba también en Lisboa.

 

Su hijo, Felipe III, recibió en 1612 una revisión del acuerdo por parte de Sha Abbas I, un ambicioso monarca persa que ya se había hecho nada menos que con Barein y la isla de Qeshem.

 

El imperio español, por entonces hegemón del mundo, no se tomó la molestia de responder hasta 1619, pero ya era tarde porque Abbás I había encontrado un nuevo "partner" que se ocupase de controlar el estrecho:

la inglesa Compañía de las Indias Orientales que, con la ayuda de la Royal Navy de su Graciosa Majestad, desalojó al imperio español de sus posiciones en Ormuz.

 

Un nuevo imperio se hacía con el control y con el pujante negocio de los peajes, y así, hasta fecha muy reciente.

No resulta por tanto extraño que Trump considere que el papel de cobrador del estrecho le corresponde a él como autoproclamado hegemón.

 

Si a esto añadimos que una de las ideas que el octogenario presidente tiene más claras, como inmobiliario acostumbrado a cobrar alquileres, es que los aranceles son el mejor recurso para sanear su amenazada economía, entenderemos mejor su decidida voluntad de mantener tropas sobre el terreno.

 

Sin embargo, Trump debe tener presentes tres aspectos clave:

  • que sólo un conflicto permanente justifica la "protección" y el peaje" a todo barco circulante

  • que mantener hombres y naves es muy costoso (la solución prevista es que los estados ribereños lo financien)

  • que el pago por transitar sería de unos 35 millones de dólares por super barco

Esto repercutiría en la factura en destino y por tanto en el conjunto de la economía.

Aquí Europa tiene mucho que perder...

Donald Trump y los suyos han entendido perfectamente y desde el principio que si vas a una guerra es sobre todo para hacer negocios.

 

El presidente cifra el éxito de esta en los beneficios que representen para sus industrias petrolera y armamentística.

 

Si a esto sumamos cobrar el paso, la jugada es redonda, materializada en pingües y sostenidos ingresos.

Trump no busca tanto una guerra con éxito como un negocio con éxito...

Además, el control tanto del estrecho como de la producción de petróleo iraní le permitirían asestar un buen golpe a su verdadera bestia negra:

¡China...!

El gigante asiático necesita de toda la energía del mundo para desafiar a Estados Unidos, ante todo en el terreno de,

las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial...

El gobierno de Xi Jinping ya dedica un 54% de su PIB a estas partidas y mantenerlas vivas se ha vuelto más complicado desde que Trump empezó con las "guerras del petróleo".

 

Es cierto que China apuesta ahora con decisión por la energía nuclear, algo que le permite consolidarse como líder y proveedor de centrales llave en mano a nivel global.

 

Suena prometedor para sus intereses, pero por el momento seguirá necesitando mucho carburante y gas.

 

El conflicto está servido...



 Fuente:https://www.bibliotecapleyades.net