Jesús - Jeshua - ¿Quién o qué es el alma?

Pamela Kribbe canaliza a Jeshua

Queridos todos,

Soy Jeshua, vuestro amigo. Durante estos momentos, estoy con vosotros como un hermano. Aceptad mi compañía, mi presencia, pues no estoy lejos. Quiero acariciar vuestro corazón con mi mano y recordaros quiénes sois, así como la unidad que nos vincula. Acogedme a vuestra vez; dejadme entrar en vuestro corazón. Soy un mensajero de la Unidad y me arrodillo ante vosotros, pues sois mis hermanos y hermanas, y en cada uno de vosotros veo a un igual, un alma afín.
Yo respeto lo que hacéis y quienes sois en la Tierra. Este es uno de los lugares más oscuros para encarnarse como alma en un cuerpo humano. Cuando estáis aquí, recordar quiénes sois y vuestro origen cósmico, vuestra grandeza, inmensidad y naturaleza eterna, es una ardua tarea, pues todo a vuestro alrededor parece estar enfocado a que os olvidéis de vosotros mismos y de vuestra esencia más profunda. Lo que aquí aprendéis desde temprana edad es a confiar únicamente en vuestras percepciones sensoriales; lo que vuestros ojos, oídos y nariz os dicen es la verdadera realidad.

El mundo material que os rodea se considera el epítome de lo que es real, sólido y verdadero. En estos tiempos en particular, en que la visión científica del mundo lo ha impregnado todo, existe un gran escepticismo con respecto a la capacidad de ver más allá de la realidad sensorial y física. La visión interior, los presentimientos o la intuición del corazón…, todo eso se descarta como algo no real, como palabrería supersticiosa, lo cual constituye una gran paradoja, ya que solo descubrís quiénes sois realmente a nivel del alma. Es precisamente en el mundo interior, y no en el exterior, donde os encontráis a vosotros mismos. La sociedad os confunde porque lo que más enfatiza es la importancia de la apariencia, así como el conocimiento externo y medible. De acuerdo con dicha sociedad, para que algo sea real y verdadero, hay que poder percibirlo con los sentidos o razonarlo con la mente.

Pero ¿qué pasa entonces con todos esos sentimientos entre los que la gente se debate, con esa profunda soledad y sensación de futilidad con la que tantas personas tienen que lidiar? Esto es un problema fundamental en todo el mundo, no solamente un problema individual. El mundo padece una profunda crisis existencial que corroe el corazón de la mayoría de las personas, por lo que hay necesidad del alma como fuente de sentido en la vida diaria.

¿Quién o qué es el alma? En el mundo actual, demuestra valentía buscar el alma de forma explícita, renunciar a la compulsión del pensamiento racional restrictivo y ahondar en uno mismo para descubrir aquello que late en el nivel más profundo, sobre todo si es algo que difiere de los estándares admitidos y criterios sociales. Al adentraros paulatinamente en vuestro mundo interior, encontráis no solamente luz, sino también oscuridad. Porque precisamente cuando abrís la puerta de vuestro mundo interior es también cuando os hacéis conscientes de vuestras partes más oscuras. Es entonces cuando sois puestos a prueba, y es imprescindible que confiéis en esa visión más amplia del alma para comprender que incluso las partes aparentemente más oscuras tienen sentido.

Este mundo necesita desesperadamente volver a reconocer y sentir el alma. Es el camino de regreso al Hogar, de regreso a quienes realmente sois. La luz que entonces se enciende es lo que os permite imbuir el mundo de nuevas ideas, nueva energía, valor y confianza. Mucho de lo que aquí se necesita puede fluir hacia el mundo a través del canal de un alma despierta. En el mundo hay mucha tristeza, mucho dolor y sufrimiento, y no digo esto para desanimaros, sino para recalcar lo importante y urgente que es que reconozcáis y sintáis el alma en vuestra vida. De ese modo, os convertís en luz no solo para vosotros, sino también para los demás.

¿Cómo conectáis con vuestra alma? El mundo está tan alienado del alma que esa pregunta casi nunca se plantea. Es una pregunta que nunca se les plantea a los niños a lo largo de su desarrollo y educación. ¿Cómo conectáis con vuestro mundo interior? Y no solo con vuestras emociones y estados de ánimo pasajeros, sino con aquello que preside vuestro mundo interior. ¿Existe un mundo más permanente, el mundo del alma, de la energía de vuestro «yo» único, la energía de vuestra alma? Tal posibilidad ni siquiera se admite, por lo que no se os enseña cómo podéis preguntar por ese mundo ni conectar con él. ¡Y el resultado es esta pobreza espiritual que existe en la Tierra!

Para explicaros en qué consiste la realidad del alma, os invito a imaginar que os queda una hora de vida, que la muerte se aproxima y que estáis a punto de cruzar el umbral del más allá, de la vida después de la muerte. Esto es algo que ya habéis hecho infinidad de veces, porque habéis vivido muchas vidas en la Tierra. Y al final de cada una de esas vidas, habéis cruzado el umbral, a veces con el corazón sereno, a veces, no tanto.

No obstante, incluso en las transiciones difíciles, aquellas en que la muerte os llegó con el corazón inquieto, también experimentasteis una intensa liberación cuando, como alma, os desprendisteis de la forma física. Cuanto más pacífica es la muerte, más feliz es la transición, pero en todos los casos se produce, al soltar el cuerpo terrenal, una profunda sensación de alivio, un retorno a una forma de ser natural que os resulta tan familiar que no concebís cómo pudisteis haberla olvidado.

Venid conmigo y dejad a un lado todas las ideas negativas sobre la muerte. Imaginad que estáis al final de vuestra vida y que dejáis de luchar. En el preciso momento en que exhaláis el último suspiro, cada uno de vosotros —vuestra alma— abandona el cuerpo terrenal; sale del mismo con gran soltura y suavidad. Sin esfuerzo alguno, os eleváis por encima de vuestro cuerpo. Al instante sentís la luminosidad no solo de la luz que os rodea, sino también la luminosidad de vuestro cuerpo, su flexibilidad y agilidad, la ausencia de peso y esfuerzo. Sois como un pájaro que vuela y al punto os encontráis allí donde vuestro corazón os lleva.

Dejad volar vuestra imaginación. Imaginad qué ocurre cuando os habéis liberado del cuerpo terrenal e id hacia donde vuestro corazón os atraiga, en el sentido de algún lugar o paisaje. Puede que veáis aparecer un jardín o el mar o un bosque. Aparece para vosotros sin esfuerzo y, en todo lo que veis, sentís la vida que irradia desde dentro. Todo lo que vive os contempla con benevolencia. Todo lo que veis os convida afablemente y la belleza es maravillosa y deslumbrante. Sentís que la alegría burbujea en vuestro corazón y pensáis: «¡Ah! Así es como debería ser; esto es normal, natural. Este es mi Hogar!».

Os cruzáis con amigos y familiares fallecidos, y os salen al encuentro vuestros guías, todos los cuales os acogen con el corazón abierto, os dejan tranquilamente ser quienes sois y os tienden una mano para ayudaros cuando lo necesitáis. Acabáis de entrar en los dominios del alma. Aquí, todo es diferente. El espacio y el tiempo parecen mucho más flexibles, ya que de pronto podéis encontraros en un sitio distinto, si así lo queréis y si vuestro corazón se siente atraído hacia ese lugar. Lo interno precede a lo externo.

Si conectáis con alguien a nivel interno, desde el corazón, y vuestra llamada es atendida, de pronto os encontráis junto a esa persona en un entorno físico. Aunque no es una materialidad como la de la Tierra, en este más allá de la vida aún podemos hablar en términos de formas. Tenéis un cuerpo y la otra persona tiene un cuerpo, y podéis comunicaros entre vosotros, pero con mucha más facilidad y menos esfuerzo que a lo que estabais acostumbrados en la Tierra.

Además del hecho de que espacio y tiempo sean flexibles, también lo es vuestra forma corpórea. La forma que asumís es muy ágil y fluida. Podéis adoptar cualquier forma física y parecer viejos o jóvenes. El color de vuestro pelo, vuestro ojos… ¡todo puede modificarse y ello os divierte! Elegís la forma que os resulta apropiada interiormente, que os agrada y que facilita la comunicación con la otra persona. En esta dimensión del alma, comprobáis que el interior da forma a la apariencia externa. Lo que vive dentro de vosotros determina lo que hay fuera y a vuestro alrededor. Sentid esto durante unos instantes. ¿Qué es lo que hay en vuestro interior que da forma, atrae y crea esas experiencias para vosotros?

Aparentemente, no sois una forma, un cuerpo, puesto que este puede presentarse bajo infinidad de aspectos distintos. Tampoco os define el sitio donde vivís ni el papel que desempeñáis, ya que incluso eso es muy flexible y dinámico. Lo que aquí permanece invariable es lo que llamáis de corazón. Sentid vuestro corazón por un momento. Sentid cómo, en ese ambiente diferente del otro lado, vuestro corazón es libre de descubrir, explorar y encontrar, y sentid la alegría que ello os proporciona. Luego, apreciad cuánto sabíais, cuánto conocimiento había en vosotros.

Preguntadle a vuestra alma si quiere aparecer ante vosotros con una forma feliz, libre y alegre, apropiada para estos momentos. O puede que vuestra alma se presente como una anciana o un anciano sabios, o quizás como un niño —da igual. El alma elige ahora una forma apropiada para optimizar la transmisión de un mensaje para vosotros. Dejad que vuestra alma se os aparezca unos instantes y, si no oís ni veis nada, entonces sentid. Sentid la dimensión eterna a la que pertenecéis y dejad que os envuelva. Hubo un tiempo en que fuisteis ese pájaro libre; en esencia, sois esa alegría, esa libertad creadora. Dejad que descienda por vuestro cuerpo, hacia el abdomen. ¡Sed libres y vivid desde esa libertad interior!

¿Cuál es el propósito del alma en la Tierra? ¿Por qué está aquí? El alma quiere aprender a despertar en esta dimensión. Una dimensión en la que es sumamente fácil que caigáis en un profundo olvido de quiénes sois y quedéis totalmente alienados de vuestra propia esencia.

Vuestra alma quería estar aquí; vuestra alma es un mensajero de Dios, una partícula de esa energía todopoderosa que llamáis Dios, una partícula única de esa infinita fuente creadora. El alma está dedicada a evolucionar a lo largo del tiempo, pero no según los parámetros temporales que conocéis en la Tierra. El mundo del alma es mucho más vasto e inconmensurable de lo que podéis estimar a partir de criterios terrenales.

Como ya he dicho, a nivel del alma, el tiempo y el espacio son muy fluidos y dinámicos, y su forma depende más del interior que del exterior. Podría decirse que el alma va emergiendo en este proceso mediante su desarrollo a lo largo de todo tipo de vidas, y una de esas vidas es la que cada uno de vosotros moldea. Cada uno de vosotros constituye una fusión única del alma con una personalidad terrenal, por lo que no nadie es exactamente igual a nadie.

Cada uno de vosotros es también único para su alma. Esta vida es una circunstancia singular en la que vuestra alma quiere descubrir y comprender en profundidad lo que significa estar aquí en un cuerpo y, también, darse a sí misma. Sentid lo grandiosa y valiente que es vuestra alma, si bien, en esencia, sois vosotros quienes emprendéis la tarea, quienes asumís el riesgo de dar el siguiente paso.

Respetaos a vosotros mismos. Sois seres grandiosos, una parte inalienable del mismo Dios, pero tenéis la costumbre de infravaloraros. Padecéis el azote de los prejuicios sociales y los conceptos de bueno o malo. Cuando os pido que os conectéis con vuestra alma, lo que os pido es que os fundáis con vuestra luz y también con vuestro fuego. La luz también es fuego, simboliza pasión, entusiasmo, inspiración.

Sois almas fuertes y, al objeto de emprender la aventura de la encarnación en la Tierra, necesitáis tener valor. Asumís un riesgo, pues esa aventura puede llevaros a abismos inconcebibles que, de hecho, habéis atravesado, ya que esta no es la primera vez que estáis aquí. Durante vuestras vidas en la Tierra, todos habéis cruzado inimaginables abismos y, no obstante, aquí estáis de nuevo. Por lo tanto, en vosotros hay una profunda convicción, una pasión, un fuego que alienta vuestra determinación a estar aquí y dejar que vuestra luz brille.

Para conectar con ese fuego, es imprescindible que afrontéis también vuestras emociones más oscuras, vuestra sombra —o lo que denomináis como tal. Todo lo que vive en dichas emociones tiene un mensaje para vosotros: la rabia, el miedo, el odio, la resistencia… Todo lo que ha sido etiquetado como negativo contiene fuerza vital en su interior. Conectad con esa reserva de emociones, invocadla; dadle permiso para presentarse oscura y sombría.

En cada uno de vosotros late una fuerza primigenia, apreciadla en lo más profundo de vuestro ser. Dejad que esa fuerza llegue a la Tierra a través de vuestro chakra raíz y dejad que se haga sentir. Enraizaos en la Tierra, confiad en vuestra fuerza y asentad vuestro poder en este planeta —sin vacilar. Vuestra inmensidad, belleza y riqueza interior son demasiado grandes como para que sigáis vacilando. Necesitamos que seáis como faros encendidos en la Tierra y el primer paso para ello es que recordéis —reconozcáis— quiénes sois y que reavivéis la dimensión del alma en vuestra vida cotidiana, en vosotros.

Empecé esta conversación diciendo que os respeto y que me arrodillo ante vosotros, y estas no son palabras vacías. Sois vosotros quienes lleváis la antorcha de luz en este mundo y quienes vais a contracorriente de la estrecha visión generalizada de las cosas. Pero no lo hacéis mediante la fuerza, ni siquiera luchando con palabras, sino mediante la conexión interna con quienes sois. Lo hacéis anteponiendo la dimensión del alma, que era lo que de forma natural hacíais cuando estabais en el otro mundo, antes de viajar a este. Al recordar nuevamente esa realidad y dejarla irradiar en este mundo con convicción plena es cuando, literalmente, traéis la luz aquí.

Os agradezco vuestra presencia de hoy, aquí y en este mundo. No dudéis de quiénes sois. Sed la brillante y preciosa alma que sois. Muchas gracias.


Pamela Kribbe
Traducción de Laura Fernández
https://jeshua.net/esp/canalizaciones/mananas-con-jeshua/quien-o-que-es-el-alma/



Fuente:
www.trabajadoresdelaluz.com
18 de setiembre 2021