Gary 'Z' McGee, 'The Looking Glass Man'. |
"Es de suma importancia
recordar esto:
que el chamán es más que
un simple enfermo o un loco;
es un enfermo que se ha sanado a sí mismo,
que está curado y que debe ejercer como chamán
para mantenerse curado".
Terence McKenna
Desde los antiguos chamanes hasta los psicoanalistas contemporáneos, desde las curanderas tribales hasta los médicos actuales,
los mejores sanadores siempre han sido aquellos que se sanaron primero a sí mismos y luego a los demás...
Aquí tienes cinco señales de que podrías ser un sanador herido...
1.) Eres capaz de Transformar las Heridas en Sabiduría
"La cura para el dolor
está en el dolor".
Rumi
Has aprendido a SER la herida.
Como aconsejaba C.S. Lourie:
"Permítete estar roto; ahí es donde empiezas a sanar".
En efecto...
Permítete estar herido, ahí es donde comienza la transformación...
La ansiedad, la angustia y el dolor existencial no son enfermedades.
No son algo malo ni negativo.
No son debilidad ni enfermedad.
Sentir ansiedad es estar vivo.
Sentir angustia es ser consciente.
Experimentar dolor es ser humano.
Son ingredientes fundamentales arraigados en la condición humana.
¿Cómo no íbamos a sentir ansiedad?
¿Cómo no íbamos a sentir angustia y dolor?
La vida es una sucesión de decisiones imposibles envueltas en incertidumbre.
Somos criaturas falibles arrojadas a un océano cósmico infalible, sin barco ni flotadores, y mucho menos un remo. Por eso, has integrado tu dolor.
Has canalizado tu angustia y la has transformado en gracia. Has honrado tu ansiedad utilizándola como un catalizador capaz de impulsarte hacia la expresión artística y catapultarte hacia la maestría.
2.) Estudias la Oscuridad
"Los médicos estudian medicina.
Los maestros estudian educación.
Los sanadores estudian la oscuridad".
Mark Lundy
Una vez le preguntaron a Jung:
"¿Cómo encuentras tu sombra?".
Él respondió:
"¿Cómo encuentras al dragón que te ha devorado?".
Como sanador herido, comprendes que la única manera de encontrar al dragón que te ha devorado es adentrarte en la herida que te absorbe.
En resumen:
estudias la oscuridad.
Te deslizas por las grietas de tu zona de confort y entras en la cueva de tu dolor.
Allí, integras la sombra. Asimilas al monstruo. Bautizas a la bestia. Honras tu oscuridad interior proyectando su incómoda luz negra hacia la luz cegadora del mundo confortable.
No es una tarea fácil. Requiere una conmoción psicológica.
La desesperación y el desencanto lo consumen todo.
La aniquilación del ego se transforma en la integración del alma:
el matrimonio entre el caos y el orden, la fusión de la sombra y la luz, la unión de la cima y el abismo.
Pero esto da paso a la iluminación de tus poderes sanadores.
La flor de tu capacidad para sanar hunde sus raíces en lo profundo de tu herida.
Antes de la maestría, el trabajo con la sombra.
Después de la maestría, el trabajo con la sombra.
Este ha sido el camino de todos los sanadores desde tiempos inmemoriales.
3.) Estudias la Locura
"Los grandes genios lindan con la locura,
y tenues tabiques marcan sus fronteras."
John Dryden
Te das cuenta de que tu locura es una parte vital de ti.
Así,
has aprendido a transmutar la locura en medicina.
Has elegido la magia frente a la previsibilidad. Utilizas tu locura como herramienta para tu genialidad.
Tu genialidad empuña la locura como una espada, cortando la realidad en mágicas rebanadas de desapego.
Se sitúa al borde del abismo y, lejos de retroceder, transforma demonios en diamantes, al tiempo que convierte lo absurdo en poesía y arte.
Tu capacidad para descubrir lo sano dentro de lo insano te hace más adaptable a los avatares de la vida. Eres más flexible ante la fugacidad y la impermanencia.
Estás mejor preparado para resistir los sacudones de la montaña rusa de la vida.
Como una flor que rompe el hormigón, tu habilidad para hallar gloria en la tristeza, dulzura en la locura y masoquismo existencial en el dolor te lleva a florecer contra todo pronóstico.
Tal medicina resulta saludable de una manera contraintuitiva.
Supone un desafío existencial.
En cierto modo, es una maldición para quienes la portan.
Pues, para mantener esa medicina, la cuerda del tira y afloja entre vida y muerte, finitud e infinitud, oscuridad y luz, dolor y pasión, mortalidad e inmortalidad, debe mantenerse tensa entre la locura y la genialidad.
4.) Cuestionas las "Respuestas" y Buscas la Verdad
"Confía en quienes buscan la verdad.
Duda de quienes la encuentran."
André Gide
Comprendes que parte de la sanación reside en la capacidad de considerar un pensamiento, concepto, creencia o teoría sin llegar a aceptarlo.
Nada impide utilizar la sabiduría para impulsar aún más sabiduría.
Simplemente no te aferras a nada en particular, ya que eso frenaría la sabiduría y limitaría todo el alcance de tu capacidad sanadora.
Te mantienes a la vanguardia al no aferrarte a ningún aspecto de la trayectoria.
Al hacerlo, permites que la imaginación y el humor te mantengan afilado y certero - como la punta de una lanza - en tu camino hacia un nivel superior de salud.
Ves cómo la imaginación es superior a la razón. Y lo único superior a la imaginación es un buen sentido del humor.
Este buen sentido del humor te permite mantener un distanciamiento saludable, ofreciéndote una perspectiva panorámica de la condición humana en toda su cruda gloria:
desde las venas hasta la vanidad, desde los huesos hasta la terquedad, desde el corazón frágil hasta el tercer ojo anti-frágil.
Aprecias el espectro completo del animal humano: de la biología a la psicología, del nihilismo al existencialismo, del creyente al engañador.
Ves cómo es precisamente la fragilidad y la falibilidad de la mente humana lo que hace tan terriblemente fácil engañarse a sí misma y aferrarse a una creencia rígida.
Por ello, una parte de tu sanación consiste en cuestionar las cosas a un nivel superior.
Te cuestionas a ti mismo y cuestionas el entorno social para evitar ese pensamiento rígido y estático que se atrinchera en la invulnerabilidad y se defiende con violencia por miedo a la propia vulnerabilidad.
Como dijo Anatole France:
"Es la certeza de poseer la verdad lo que vuelve crueles a los hombres".
Así, siembras la semilla sanadora de la curiosidad para prevenir la crueldad que puede surgir de la certeza.
5.) Nunca dejas de Estar Roto
"El hombre de entendimiento
muere a cada instante para el pasado
y renace para el futuro.
Su presente es siempre
una transformación, un renacimiento,
una resurrección".
Osho
Mantienes el arquetipo del Sanador Herido por encima del arquetipo del Sanador, para que el renacimiento sea siempre superior a la vida y a la muerte.
El arquetipo del Sanador es lo opuesto al del Sanador Herido.
Mientras que el sanador asume que ya está sano, el sanador herido comprende que siempre está en proceso de sanación.
Mientras que los sanadores alimentan su ego con su capacidad de sanar y ser sanados, los sanadores heridos permanecen humildes ante sus propias heridas.
Como sanador herido, comprendes que,
la sanación es más un proceso que una meta.
La salud es más un continuo, que un añadido.
Comprendes que debes seguir sanando - y permitiendo ser sanado - para mantenerte saludable.
Por ello, sacrificas persistentemente el ego en favor del alma.
Al igual que Akhilandeshvari (la Diosa Eternamente No Rota), te desmoronas y vuelves a recomponerte, más fuerte que antes.
Tu corazón se ha roto y reconstruido tantas veces que ya no sabe cómo no ser resiliente.
Surge la fortaleza.
Se manifiesta la anti-fragilidad.
Descubres que el remedio para la desdicha se encuentra en lo profundo del misterio de la propia desdicha.
Así, alcanzas una sanación superior al entregarte a tu sufrimiento.
Abrazas el proceso de vida, muerte y renacimiento.
El dolor es tu guía a través de la vorágine de la condición humana.
Y aunque tus heridas sean profundas,
son sagradas.
Son trofeos.
Son peldaños hacia una salud superior.
¡Son la prueba de que has vivido, y vivido bien...!
Fuente:https://www.bibliotecapleyades.net

