FINALMENTE, LA FUNDACIÓN ANA FRANK RECONOCE QUE EL FAMOSO DIARIO ES UNA FALSIFICACIÓN

Reconocimiento que se produce no porque las numerosas inconsistencias de las que este blog se hizo eco en su día (ver aquí y aquí) hayan hecho saltar esa “industria del victimismo”, que gira en torno a la triste realidad del “holocausto”, sino por meros criterios mercantiles que prolongan en el tiempo la posibilidad de seguir extrayendo beneficios de esta trágica historia

El diario de Ana Frank se enfrenta a una disputa legal entre quienes defienden que la obra debe estar libre de derechos de autor a partir de 2016 y el Fondo Anne Frank de Basilea (Suiza), que reclama que los derechos de emisión deben seguir vigentes.


Esta fundación con sede en Suiza, que es la propietaria actual de los derechos de edición de los diarios, reclama que el padre de Ana Frank, Otto Frank, es coautor de estos escritos, por lo que los derechos de autor no expirarían en 2016, según informó el periódico neerlandés Volkskrant.

La ley vigente en Países Bajos establece que los derechos de autor de una obra expiran 70 años después del fallecimiento del autor, y Ana Frank falleció en marzo de 1945 en el campo de concentración alemán de Bergen-Belsen.

Dado que Otto Frank, hasta ahora considerado solo editor del diario, falleció en 1980, la fundación exige que esta obra siga bajo derechos de autor hasta 2050. 

Por su parte, la Fundación Anne Frank, encargada de gestionar la casa museo en Amsterdam donde Ana y su familia se refugiaron durante la Segunda Guerra Mundial, declaró que los derechos de autor expiran el próximo año, según recoge el diario neerlandés. 

Un calígrafo pudo comprobar, además, que todo había sido escrito por la misma mano y que, por tanto, no podía ser la de Anne Frank. 
Se trata de Minna Becker, perito calígrafo judía, quien afirmó ante el juez, repetidamente, que toda la escritura del diario pertenece a una misma mano . Para dilapidar este tema sólo ha hecho falta acceder a las cartas auténticas que Anne Frank escribió de niña a unas amigas, publicadas en los Estados Unidos; la letra de estas cartas sí tiene el aspecto normal de una niña de 10 ó 12 años, lo que no es el caso del “manuscrito original”, que nos revelan a un autor de mayor edad. 

La Fundación Anne Frank anunció incluso que ya prepara el lanzamiento de una nueva edición, libre de copyright, de los diarios de Ana Frank, una obra que cuenta con el reconocimiento internacional y está dentro de la lista de patrimonio de laliteratura mundial y documental de la Unesco. 

Sus diarios, símbolos del horror de la Segunda Guerra Mundial, han sido traducidos a 70 lenguas y vendidos en 100 países diferentes, y han inspirado ocho producciones cinematográficas. 

El Diario de Ana Frank relata la conmovedora historia de Annelies Marie Frank, una joven judía que se ocultaba de los nazis durante la ocupación alemana de Amsterdam. El libro tenía previsto pasar a formar parte del patrimonio cultural libre el uno de enero de 2016, pero algo se lo ha impedido. Ahora resulta que tiene un nuevo autor. 
Las leyes europeas prevén que una obra pasa a formar parte del patrimonio público 70 años después de la muerte de su autor. Anna Frank murió en 1945, así que su diario iba a pasar a liberarse el 1 de enero de 2016. A la fundación suiza que gestiona los derechos del libro (y cobra por ello) no le ha gustado esto, así que han encontrado una treta legal para impedirlo. 

Esa treta ha sido nombrar a Otto Frank, padre de Ana, co-autor del diario. Hasta ahora, Otto Frank era solo el editor del libro, la persona encargada de recopilar y publicar los trabajos de su hija. Según lafundación con sede en Basilea, Suiza, el trabajo de Otto Frank a la hora de editar los diarios le hacen merecedor del título de autor, algo que no se había reclamado nunca antes y que resulta muy conveniente para la Fundación. Otto Frank murió en 1980, así que nombrarlo coautor asegura retener los derechos sobre el libro en territorio europeo hasta 2050. El problema no afecta a Estados Unidos, donde los derechos sobre el libro expiran en 2047, 95 años después de su primera publicación. 

La maniobra ha generado un problema imprevisto para el Museo de Ana Frank en Amsterdam. La fundación sin ánimo de lucro que gestiona el museo llevaba tiempo preparando ediciones comentadas online del diario que se iban a publicar cuando expirasen los derechos. Maatje Mostart, representante de la casa museo, ha explicado que la publicación de estos trabajos divulgativos gratuitos aún no se ha decidido y siempre se hará de acuerdo a la legalidad. No obstante, Mostart ha rechazado la idea de que ni Otto ni ninguna otra persona puedan ser coautores del diario. El Museo de Ana Frank conserva buena parte de los cuadernos y manuscritos originales de la adolescente. 
Un juicio esclarecedor

Mayores sospechas nos asaltan, lógicamente, al estudiar el pleito en que se enzarzaron el conocido escritor judío norteamericano Meyer Levin y el padre de Anne Frank. El juicio transcurrió entre 1956 y 1958 ante el County Court House de la ciudad de Nueva York, obteniendo el demandante Meyer Levin un fallo a su favor que condenaba a Otto Frank a abonarle una indemnización de 50.000 dólares de la época por “fraude, violación de contrato y uso ilícito de ideas”; el pleito, que se arregló privadamente después de la sentencia por obvio mutuo interés, versaba sobre la “dramatización escenográfica” y venta del “Diario”. El juez, así mismo judío, era Samuel L. Coleman, quien dictó sentencia en el sentido de que Otto Frank debía pagar a Meyer Levin “por su trabajo en el diario de Anne Frank”. 

Para cualquier interesado, todo lo referente al caso Levin-Frank está archivado en la Oficina del Condado de Nueva York (N. Y. Country Clerk’s Office) con el número 2241-1956 y también en el New York Supplement II, Serie 170, y 5 II Serie 181. Así pues, la sentencia del juez -y juez judío- en el sentido de que el autor del Diario es Meyer Levin y no la niña, existe. 
Lo que interesa hacer notar es que de la lectura de la numerosa correspondencia privada de Otto Frank y de Meyer Levin que fue aportada al juicio como prueba de las partes, surge la grave presunción “juris tantum” de que el “Diario” “es substancialmente una falsificación” , y que el autor material de esa falsificación fue el igualmente judío Meyer Levin. Levin, en legítima defensa de sus derechos de autor, además de demandar al Sr. Frank por cuatro o cinco millones de dólares por su labor de parafrasear el manuscrito “para el fin que tenía que cumplir…”, pleiteó igualmente contra el productor de cine Kiermit Bloombarden, pues en la película -del mismo título que la obra- aparecen también escenas escritas por él y que no estaban contenidas en el Diario original.

Meyer Levin había sido corresponsal en España durante la guerra civil de 1936 a 1939 y más tarde enviado de la Agencia Telegráfica Judía durante los enfrentamientos con los palestinos entre 1945 y 1946. La Enciclopaedia Judaica le reconoce como “el primer escritor en poner en escena el Diario de Anne Frank (1952)” (Vol. 11, pág. 109) . 

Un timo moral 

Richard Verrall (que publica bajo el nombre literario de Harwood) advierte que la falsedad del mito de Anne Frank va mucho más allá, es muchísimo más profunda que la eventual falsificación del texto. Reside en la “unilateralidad” y en la “recurrencia infinita” del tema: una perfecta aplicación política de la propaganda actual del viejo tema de la niña inocente atrapada por la maldad exclusiva de los otros, pero que triunfa incluso después de muerta. El mito de Anne Frank, por la fuerza de su impacto sobre la sensibilidad colectiva, se convierte no sólo en símbolo de la “inocente” nación judía perseguida, sino más aún y contra todas las reglas de la lógica, en “prueba indiscutible” de la maldad intrínseca, inmedible, de los perseguidores. 
Reconozcámoslo pronto, en efecto, no importa desde un punto de vista humano que el “Diario” de Anne Frank sea una falsificación o no. Esta niña falleció, víctima del tifus -y no en una “cámaras de gas” inexistente en Bergen o convertida en “pastillas de jabón”, algo que se ha revelado una falacia, todo hay que decirlo-; y el padecimiento y muerte de cualquier niño es siempre deplorable. 

Pero es importante constatar que los posibles sufrimientos de una niña judía de 14 años, en tiempo de guerra, no son más significativos, por el “hecho” de que hubiese escrito un diario, que los sufrimientos tanto o más terribles de otros posibles niños judíos; o que las desgracias infinitamente más numerosas de otros niños alemanes, italianos, japoneses, polacos, rusos o de otras nacionalidades que han sufrido horriblemente por muchos otros motivos en esa misma guerra: despedazados, quemados vivos a millones, mutilados o inválidos para toda la vida a causa de los bombardeos masivos de población civil efectuados por los aliados contra ciudades abiertas alemanas; abandonados en medio del caos ante la muerte o desaparición de sus padres; violados, corrompidos por la barbarie de buena parte de las tropas enemigas. Sólo en el Holocausto alemán de Würzburg, durante los últimos días de la guerra, fueron quemadas 5.000 personas, de entre las cuales más de 100 niñas y mujeres se llamaban Anna, convertidas en cenizas durante la noche del 16 de Marzo de 1945. 
El bombardeo de Dresde, una atrocidad innecesaria desde la
lógica de la guerra que solo se explica como un experimento
de desmoralización de la población civil alemana
¿Pero quién se acuerda de tal suma de horrores sufridos por los no judíos? ¿Quién llora por el niño alemán que, en Dresde, junto a otros 250.000 civiles, mujeres y niños principalmente, corre aullando envuelto en el fuego inextinguible del fósforo líquido? ¿Quién por la niña alemana violada varias veces hasta la muerte por una sucesión de bestias animadas a ello por el judío soviético Ilya Ehrenburg? ¿Quién escribe novelas lacrimógenas por los no menos reales e inocentes niños japoneses de Hiroshima y Nagasaki? ¿Quién por los niños de la misma edad de Anne Frank, masacrados en Paracuellos del Jarama, que en su propio país tampoco cuentan con una calle?. Nadie. 

No hay “best sellers” para ellos, no hay “dramatizaciones”, ni 50 ediciones, ni cine, ni teatro, ni bombardeo televisivo, ni campañas en su nombre, ni recogidas de firmas, ni movilizaciones entre los partidos políticos del sistema y sus parlamentarios, ni manifestaciones públicas cincuenta años después, ni nadie que quiera recordarles cambiando el nombre de una calle, por pequeña que esta fuera. ¿Por qué? ¿Tal vez porque no cuentan con un lobby que haga del dolor un negocio sin precedentes? ¿Porque les falta la conveniente orquestación de los “mass-media”, que hacen del sufrimiento ajeno un arma política, con la intención de desarmar moralmente a quienes denuncian semejante hipocresía? ¿O deberíamos ser más atrevidos y decir que, simplemente, porque no son judíos?. Entonces habría que denunciar y perseguir igualmente a aquellos que por dinero o por oscuros intereses políticos y personales hacen, con los niños que han padecido en el pasado, discriminaciones en razón de su raza, religión o ideas políticas de los padres y sólo se acuerdan de unos niños muy concretos y minoritarios, soslayando a los demás. Se trata, sin duda, de un agravio comparativo. 

Pedro Varela
(Fuente: http://www.elclubdeloslibrosperdidos.org/)

http://astillasderealidad.blogspot.com
29 de Junio 2016