La Compasión

Las Enseñanzas originales de Jesús el Cristo/Compasión
Fuente: http://jesucristo.swami-center.org/compasion.shtml

La compasión es el principio ético fundamental de las relaciones de una persona con otras y con todos los seres vivos, incluyendo a los no encarnados. Éste es el principal aspecto del amor en la Tierra y el primer criterio en todo el trabajo ético según el cual Dios decide si permite a una persona acercársele o no.

El causar cualquier daño injustificado a las personas o a otros seres nunca puede ser aprobado por Dios.
Pero ¿qué es hacer daño justificado entonces? Es, por ejemplo, causar dolor u otro perjuicio a los delincuentes al rechazar sus acciones delictivas o al defender a otras personas de ellos.

Otro ejemplo es castigar a un niño que está haciendo travesuras peligrosas para sí mismo o para los demás. También es limitar la libertad de las personas mentalmente enfermas, etc.

Sin embargo, la venganza nunca puede ser justificada, ya que es una reacción egocéntrica del propio «yo» ofendido, el cual no debe existir en absoluto.

Quien abarcó el verdadero amor no podrá causar dolor injustificado a ningún animal. Esta persona no podrá comer los cadáveres de animales que fueron asesinados, porque en sus cuerpos está el dolor de sus muertes.

Jesús, por ejemplo, expresó asombro y disgusto cuando aludieron a la posibilidad de probar un cordero de «sacrificio» en Pascua: « ¿Piensan que Yo voy a comer carne en Pascua con ustedes?» (Epifanio, Her., 22:4; citado de [45]). Ni Él ni Sus discípulos comieron cuerpos de animales, salvo el pescado; esto se desprende de las palabras del apóstol Pedro (Hechos 10:10-14).

Pero ellos sí mataban a los peces y los comían. Esto es entendible, puesto que Jesús no proponía a las personas cambios de estereotipos de vida demasiado bruscos y superiores a sus fuerzas. Él no podía decir a los pescadores:  «¡No coman pescado!». ¡Pues ellos no escucharían más a tal predicador!

En cambio, nosotros ahora tenemos la posibilidad de aceptar el principio de Amor-Compasión como un concepto ético y seguirlo tan amplia y completamente como sea posible dentro de los límites de la sensatez.

Por ejemplo, no tiene ningún sentido reflexionar si se permite o no matar a un perro rabioso, a un lobo que ataca, a los mosquitos que pican, a los tábanos, a las garrapatas, etc. Si pudimos matarlos y no lo hicimos, ellos atacarán a los demás y esto será nuestra culpa, nuestra transgresión del principio de Amor-Compasión respecto a las víctimas.

Tampoco tiene sentido dudar si uno tiene el derecho a matar plantas para la comida, para hacer fuego, para la construcción o a usar productos lácteos y huevos para la nutrición. Pues no podemos desarrollarnos en la Tierra sin esto. Y la comida debe ser de máximo valor nutritivo, con un conjunto completo de aminoácidos esenciales.

Pero matar o mutilar plantas sin una justificación racional es una cosa diferente, por ejemplo, arrancarlas «mecánicamente» y tirarlas, o recoger un ramillete de flores, o comprar (cortar) un abeto para el Año Nuevo o Navidad y luego tirarlo. Éstas son muertes injustificadas: nosotros no las matamos para nuestra supervivencia y desarrollo, sino simplemente por antojo, porque «todos hacen esto», o porque «¡Yo lo quiero!»…